Concepto y diseño
La simpleza fue el eje. El logotipo integra dos letras “M” que, al unirse, forman una corona: un guiño directo a su procedencia inglesa, a su método de elaboración y a la calidad de sus insumos.
Estrategia de packaging
El blanco no fue una decisión meramente estética. En una góndola saturada de color dentro de la categoría, MORRIGAN opta por el silencio visual para destacar. Toda la comunicación gráfica se construye en Black & White, reforzando coherencia y sofisticación. La botella incorpora un capuchón al estilo de los vinos, un detalle que eleva la percepción y consolida
su carácter premium.